44 años después, Peñarol vuelve a ser campeón: el Mirasol no le dio ni un respiro a Aguada
- 23/06/26
- Gonzalo Giliotti

Lo dijimos toda la temporada y lo terminamos gritando anoche: este Peñarol era distinto. El Mirasol cerró la serie ante Aguada con un contundente 107-92 en el sexto partido y se quedó con la Liga Uruguaya de Básquetbol 2025/26, séptimo título de la institución a nivel local y el primero en cuarenta y cuatro años. No hubo drama, no hubo séptimo juego, no hubo necesidad de sufrir de más: el equipo de Leandro García Morales fue, lisa y llanamente, el mejor de punta a punta, perdiendo apenas seis partidos en toda la fase regular y solo dos en los playoffs.
Una final que arrancó con goleada y terminó con fiesta
El primer tiempo fue una declaración de principios. Aguada insistió con el poste bajo y Peñarol contestó con ataque rápido y puntería desde afuera, llegando a sacar quince de ventaja. Cuando el rojiverde logró acercarse con un blanco temprano de Donald Sims, el Mirasol no tembló: recuperó la diferencia de dos dígitos en el complemento a fuerza de triples y transiciones, hasta que un par de bombas de Skyler Hogan dejaron la serie sentenciada a seis minutos del final.
El gran nombre de la serie fue Joaquín Rodríguez, el refuerzo que llegó para sustituir a Norris Cole y terminó siendo determinante: generación de juego, defensa de selección y un triple clave cuando el equipo se había ido doce abajo en el tercer cuarto del partido anterior. Justo lo que hacía falta cuando el funcionamiento colectivo se complicaba.
Lo que construyó García Morales
Hay que decirlo con todas las letras: este título tiene nombre y apellido de proceso. Un técnico debutante de punta a punta en una temporada, que eligió la defensa como bandera de identidad y nunca la negoció, ni cuando el equipo tenía con qué lastimar de otras formas. Esa fue la marca registrada de todo el año, y la final no fue la excepción: Aguada nunca encontró el quiebre que necesitaba en el cinco contra cinco.
Cuarenta y cuatro años. Para que se entienda lo que significa esa cifra: generaciones enteras de hinchas carboneros nacieron, crecieron y nunca habían visto a Peñarol levantar una liga de básquetbol. Se terminó. Y se terminó de la forma en que más duele a cualquier rival: sin sobresaltos, sin necesidad de heroísmos de último minuto, ganando con autoridad la serie que importaba.
Esto no es solo un título, es la prueba de que el básquetbol de Peñarol puede competir de igual a igual con cualquiera cuando hay proyecto, paciencia e identidad. El Mirasol no ganó de rebote ni se aprovechó de un año flojo del resto: fue el mejor durante toda la temporada. Ahora la obligación es no quedarse en la foto del festejo. Que esta camada quede, que García Morales tenga continuidad y los recursos para seguir construyendo, y que esta primera estrella en cuatro décadas sea la semilla de una nueva era ganadora, no algo aislado. La hinchada esperó y se ganó el derecho a soñar con que no haya que esperar tanto para la próxima.