Cinco camisetas y un Día de Reyes: así se hizo carbonero para siempre el Negro Rada
- 27/08/26
- Daniel Salcedo

Ayer, miércoles por la tarde, murió Ruben Rada. Se fue uno de los mayores exponentes de la cultura uruguaya, sí, pero acá en el blog nos quedamos con otra cosa: se fue un hincha de Peñarol de los de fierro, de los que no negociaban los colores. Y esa historia, la de su amor por el aurinegro, tiene capítulos que merecen contarse hoy, con el mate amargo y el nudo en la garganta.
Cinco camisetas y un Día de Reyes
Lo raro es que no arrancó de este lado. Rada mismo lo contó en una entrevista con La Nación en 2018: de chico su padrino Omar era de Nacional y lo llevaba a la cancha, así que se había hecho hincha del Bolso. Pero un Día de Reyes, su madre y su tía, que trabajaban como empleadas domésticas, juntaron para comprar cinco equipos completos de Peñarol para él, sus dos hermanos y sus dos primos. Sus hermanos salieron corriendo a jugar a la calle. El Negro dudó. Y ahí, mirando el negro y el amarillo cada vez con más fuerza, se hizo la pregunta que todos nos hicimos alguna vez sin saberlo: qué hago. Al final dijo que sí. Así de simple, así de para siempre.
El sueño de jugador que la vida le cortó
De joven iba siempre que podía al Centenario. Hasta intentó ser futbolista: a los 15 años se probó en un club, pero la ficha médica reveló una mancha en el pulmón, secuela de la tuberculosis que había sufrido a los cuatro años y que lo tuvo dos años internado. Ahí se terminó ese sueño. Él mismo se reía cuando lo contaba: reconocía que era tan malo que le decían que dejara el fútbol. Nosotros preferimos pensar que el fútbol se perdió un hincha que después le dio más que cualquier jugador.
Volver por los amigos, volver por Peñarol
A principios de los 90 se había ido a vivir a México por motivos económicos. Volvió en 1995, y él mismo lo dejó clarísimo cuando se lo preguntaron en el programa El Legado, en un fragmento que el club recirculó apenas se conoció la noticia de su muerte: extrañaba a sus amigos y extrañaba a Peñarol. Contó que el primer día que entró al estadio y vio salir al equipo sintió algo profundamente emotivo, algo que no cambiaría por nada. En una nota con La Diaria en 2009 fue todavía más directo: dijo que era una obsesión, que el día que volvió perdieron feo, y que no importaba nada de eso, que lo único que él quería era verlo salir a la cancha.
"¿Y Peñarol, papá?"
Y después está la posta, la que a cualquier hincha le pega directo. Su hijo Matías se había criado en México y odiaba Uruguay, quería volver. El Negro lo empezó a llevar a la cancha. Pasaron tres años, y un día le preguntó si se volvían a México. Matías le contestó con una pregunta que lo dijo todo: y Peñarol, papá. Se quedaron. El club le dio la vuelta a la historia de una familia entera, y eso es algo que solamente entendemos los que sabemos lo que pesa una camiseta.
Dos años antes de esa charla, Rada le había puesto música a esa pasión: compuso "Joya y Spencer", dedicada a Juan Joya y Alberto Spencer, campeones de América y del mundo con el club.
Lo que nos queda
Iba a estar en la inauguración del Campeón del Siglo, el 27 de marzo de 2016, con más de cien artistas. El mal tiempo obligó a postergar el evento para el 30, y ese día ya tenía un show pactado en Buenos Aires. No pudo estar. Pero sus hijos Julieta, Lucila y Matías sí estuvieron esa noche en el estadio, y cantaron "Negro", uno de sus temas más queridos. El apellido, de alguna manera, siempre terminaba estando ahí.
Hoy no nos toca despedir solamente a un músico enorme. Nos toca despedir a un hincha que eligió estos colores de chiquito y los sostuvo toda una vida, que volvió al país por extrañar esta cancha y que le heredó esa pasión a su hijo. Gracias, Negro. Por siempre, aurinegro.