Diego Laxalt vuelve al fútbol uruguayo: experiencia, polifuncionalidad y una apuesta de Aguirre

  • 15/01/26
  • Daniel Salcedo

Peñarol oficializará en las próximas horas la incorporación de Diego Laxalt, quien a sus 32 años regresará al fútbol uruguayo luego de más de una década en Europa. El polifuncional futbolista de la banda izquierda, surgido en Defensor Sporting, llega por expreso pedido de Diego Aguirre, con un contrato por un año y opción a un segundo.

Será un regreso fuerte en lo simbólico y desafiante en lo futbolístico. Laxalt no juega un partido oficial desde el 5 de mayo de 2025, cuando defendió al Dinamo Moscú, y desde entonces se encontraba libre. Aun así, en filas aurinegras confían en que su recorrido, jerarquía y lectura del juego compensen la falta de ritmo inicial.

 

Un jugador moldeado por el recorrido

Laxalt no es un nombre nuevo para el fútbol uruguayo ni para el hincha de Peñarol. Formado como volante ofensivo, fue interior en el Mundial Sub-20 de 2013 y con el correr de los años reconvirtió su juego. Pasó a desempeñarse como interior mixto, carrilero y, en varias etapas, como lateral izquierdo tanto en clubes como en la Selección uruguaya, con participación incluida en el Mundial de Rusia 2018.

Su carrera europea comenzó en 2013 cuando fue adquirido por el Inter de Milán, club en el que no llegó a debutar oficialmente, pero que lo proyectó a una larga seguidilla de cesiones y transferencias: Bologna, Empoli, Genoa y posteriormente AC Milan. Más tarde llegarían Torino, Celtic y finalmente el fútbol ruso.

Ese recorrido lo transformó en un futbolista tácticamente inteligente, capaz de adaptarse a distintos contextos y esquemas, algo que Aguirre valora especialmente en un año largo, con múltiples competencias y alta exigencia.

 

¿Dónde encaja en este Peñarol?

La llegada de Laxalt no responde únicamente a una necesidad puntual, sino a una búsqueda de variantes. Puede jugar como lateral izquierdo, volante por afuera o incluso como interior, dependiendo del sistema. En un Peñarol que apunta a competir en el plano local e internacional, sumar futbolistas con experiencia real en contextos de presión no es un detalle menor.

El desafío será físico y futbolístico. Más de medio año sin competencia oficial obliga a una puesta a punto cuidadosa, pero también abre la puerta a una gestión inteligente de minutos. No llega para resolver todo solo, sino para complementar, ordenar y elevar el piso del equipo.

 

Una apuesta medida, no un golpe de efecto

Peñarol no incorpora a Laxalt para la foto ni para vender humo. Lo trae porque el entrenador lo pidió, porque entiende lo que puede aportar y porque el club necesita jugadores que ya hayan vivido escenarios pesados. La incógnita no pasa por su carrera, sino por cómo y cuándo logrará ser determinante dentro de la cancha.

Si el físico acompaña y el ritmo aparece, el Carbonero suma una pieza con oficio europeo, lectura táctica y personalidad. En un año donde Peñarol está obligado a dar un salto de calidad, la vuelta de Diego Laxalt representa una apuesta consciente: experiencia para competir y cabeza fría para momentos calientes.