El apagón que no cierra: Torque suspendió, la AUF miró para otro lado y Peñarol paga el fixture

  • 11/08/26
  • Daniel Salcedo

 

El partido entre Torque y Peñarol nunca arrancó, y lo que debería ser una anécdota técnica terminó siendo una cadena de hechos que no cierran por ningún lado. La iluminación del Charrúa, que había funcionado sin problemas durante todo el año en decenas de eventos deportivos, empezó a fallar justo con la salida de los planteles a la cancha. Ni un minuto antes.

 

Una cronología que hace ruido

Las torres se fueron encendiendo de a una, y salvo la de la tribuna principal, el resto respondía con normalidad. Con más del 75% de la capacidad lumínica funcionando, por los parlantes se avisó que el partido demoraría entre diez y quince minutos. Antes de que se cumpliera ese plazo, el mismo altavoz cambió el mensaje: suspendido. El árbitro Javier Feres, que ya había pisado el campo, volvió a salir junto a Marcelo De León a revisar la iluminación mientras la gente, obedeciendo el anuncio, ya se retiraba de las tribunas.

Lo más llamativo es lo que pasó después puertas adentro: los planteles siguieron entrando en calor en los vestuarios porque no habían sido notificados, mientras el público, la prensa y la televisión ya sabían que no se jugaba. Varios futbolistas se enteraron por mensajes o por la transmisión, no por el club ni por los árbitros.

 

El cuento del hackeo que nadie sostiene

Desde Torque, Javier Noblega salió a hablar de un hackeo a la red lumínica y calificó la suspensión como una decisión apresurada de la terna arbitral. Pero horas más tarde, Emanuel Núñez, gerente general de la Unión de Rugby —el deporte que más usa ese escenario— desmintió que hubiera existido tal ataque o que el sistema estuviera vulnerado. Cuando la gente ya se había ido del estadio, la luz quedó funcionando de manera constante y, en pleno problema, había más iluminación que en varios partidos de Primera División jugados con normalidad este año.

 

La AUF que no quiso ni mirar

Lo más grave no fue solo lo que pasó adentro del estadio, sino el silencio de después. La AUF no abrió ninguna investigación de oficio por lo sucedido en el Charrúa. Tuvo que ser Peñarol quien pidiera formalmente que se investigue, cuando en cualquier organismo serio ese trámite debería activarse solo, sin que un club perjudicado tenga que golpear la puerta. Si a la propia AUF no le genera ninguna inquietud un apagón que apareció justo con la salida de los equipos, después no se le puede pedir a la hinchada que no sospeche. La obligación de investigar era de ellos, no de Peñarol.

 

Un fixture que se acomodó en contra

La Mesa Ejecutiva de Primera División ya usó sus potestades para definir cuándo se recupera el partido: miércoles 2 de setiembre, en el Charrúa, justo después del clásico. Ahí aparece el costo real de una gestión floja: Peñarol va a jugar el clásico el domingo, a enfrentar a Torque el miércoles siguiente en el mismo escenario que le falló, y después visitar a Danubio en Jardines del Hipódromo en la fecha que sigue. Tres compromisos exigentes, apretados uno arriba del otro, producto exclusivo de una suspensión que hasta hoy nadie explicó con seriedad.

 

La limpieza de amarillas, otra baja colateral

Hay un efecto que no sale en los títulos pero golpea directo al plantel: al no jugarse el partido ante Torque, la purga de los amonestados con cuatro tarjetas no se cumple de local frente a Central, sino de visitante ante Deportivo. Un cambio que, sumado al fixture recargado, complica todavía más la planificación del cuerpo técnico para las próximas fechas.

Esto ya dejó de ser sobre un problema eléctrico. Es sobre una AUF que no investiga si no se lo piden, una Mesa Ejecutiva que arma un calendario que castiga a un solo equipo, y un club que tiene que salir a explicar en cada comunicado por qué las cosas no le cierran. A la hinchada le venden entradas carísimas sin garantizarle ni que el partido arranque en horario, y después el propio organismo que debería cuidar la competencia se hace el distraído. Peñarol no necesita "clima de conspiración", necesita respuestas. Y mientras no las haya, cada nueva decisión de la Mesa Ejecutiva se va a leer, con toda razón, como una nueva vuelta de tuerca contra el Manya.