El Campeonato Uruguayo camina por la cornisa y esto recién empieza
- 22/02/26
- Daniel Salcedo

El fútbol uruguayo atraviesa un momento de enorme sensibilidad. Apenas transcurridas tres fechas del Campeonato Uruguayo, la sensación dominante no es deportiva, sino de incertidumbre, desconfianza y despeolijidad y desorden. ¿Quienes son los culpables? Depende a quien se le pregunte. Algunos dirán AUF, otros diran Tenfileld. Quizás todos tengan razón.
La cuestión es que los arbitrajes vuelven a estar en el centro de la escena. Fallos determinantes, decisiones discutidas y errores clarísimos que inciden directamente en resultados alimentan un clima de sospecha generalizada. El problema no es que existan equivocaciones —eso ocurre en todas las ligas del mundo— sino la reiteración, el contexto en el que se producen y que parece haber un patrón donde siempre el error favorece al mismo club.
Un VAR que no despeja dudas sino que las aumenta
La herramienta que llegó para aportar transparencia tampoco está logrando su objetivo. El VAR, que debería reducir el margen de error, hoy es parte del problema.
Se ha reconocido públicamente que existen limitaciones técnicas, como la falta de cámaras suficientes para trazar líneas con precisión en jugadas finas de fuera de juego. Sin los recursos adecuados, el sistema pierde confiabilidad y, en vez de cerrar discusiones, las amplifica.
En cualquier competencia profesional, las garantías mínimas son innegociables. Cuando esas garantías entran en duda, el producto entero queda expuesto.
FOTO: Mano de Silvera no sancionada por el arbitro que termina en gol de Nacional fuera incluso del tiempo de adición
Un clima institucional enrarecido
El contexto no ayuda. Dirigentes enfrentados, declaraciones cruzadas, referencias a la política nacional, mensajes contradictorios y una batalla por el dinero y poder componen un escenario de anarquía discursiva.
La estructura que sostiene los derechos audiovisuales y el negocio del fútbol tampoco transmite solidez. Alonso no da señales claras de conducción ni de rumbo estratégico. El gremio de jugadores está más preocupado por llevarse su porción de la torta que por defender a los suyos. La percepción general es que el sistema funciona más por inercia que por planificación.
El campeonato 2026 prometía un punto de inflexión. Sin embargo, lo que se observa es una versión agravada de problemas históricos: desorganización, falta de liderazgo colectivo y tensiones permanentes entre los actores del sistema.
La sensación de un equilibrio precario
En otras ligas también existen polémicas arbitrales. La diferencia es que el sistema no parece estar al borde del colapso cada fin de semana. En Uruguay, en cambio, todo se percibe en la cuerda floja. No se trata de afirmar irregularidades ni de señalar responsables sin pruebas, pero tampoco pueden esconder lo evidente. Cuando el contexto es tan frágil y las dudas se acumulan, el ambiente se vuelve irrespirable. La confianza —elemento central en cualquier competencia— comienza a erosionarse.
¿Cómo puede seguir?
Lo más inquietante es que todo esto ocurre apenas comenzado el campeonato. Si arranca con esta carga de cuestionamientos estructurales, el interrogante es inevitable: ¿cómo se sostendrá cuando los puntos en disputa sean más sensibles y decisivos? El Campeonato Uruguayo no puede permitirse navegar a la deriva. Sin orden, sin garantías técnicas y sin conducción firme, el riesgo no es solo deportivo. Es institucional. Todas las miradas están en la AUF y algo van a tener que hacer.