Operación desgaste contra Aguirre: la campaña mediática que busca instalar a Larriera en Peñarol
- 21/04/26
- Daniel Salcedo

En Peñarol no solo se juega en la cancha. También se juega —y fuerte— en la televisión, en las redacciones, en el stream y, cada vez más, en X. Y lo que está pasando en estas horas no es casualidad: hay una campaña en marcha. Una operación de desgaste contra Diego Aguirre que, curiosamente, viene acompañada de una instalación sistemática de un nombre: Mauricio Larriera.
No es nuevo. Los tiburones olieron la sangre y entraron en frenesí, era el momento que estaban esperando.Cada vez más evidente y descarado.
De golpe, empiezan a aparecer análisis “nostálgicos” del 2021, recortes selectivos de memoria, elogios desmedidos a un ciclo que, si se mira completo y no solo por una foto, estuvo lejos de ser perfecto. El mismo Larriera que hoy algunos venden como solución mágica es el que también fue responsable de un 2022 desastroso, con un equipo que se cayó a pedazos tras tener incidencia directa en dos mercados de pases. Pero de eso se habla poco. O directamente no se habla.
Se instala un relato. Se empuja una idea. Se prepara el terreno. Hace pocos días, tras una derrota aurinegra el youtubber y candidato a Presidente de Peñarol Alfredo García, tildó a Diego Vicente Aguirre de estar gaga. Había comenzado la operación desgaste, la bajada de línea, la formación de opinión.
No se trata de un debate genuino sobre el futuro del club —que es válido y necesario—, sino de algo mucho más dirigido: generar el clima para que la salida de Aguirre parezca inevitable y que el nombre “salvador” ya esté listo sobre la mesa. En ese juego, algunos medios tradicionales y cuentas de redes sociales juegan demasiado alineados como para pensar que es casualidad. Peñarol está enfrentado con AUF y no es raro que aprovechando el mal momento, periodistas a sueldo ataquen al club desde sus microfonos de AUF TV o algunos programas de El Espectador Deportes.
Ahora bien, pongamos las cosas en su lugar. Primero: el respaldo institucional existe. El presidente Ignacio Ruglio fue claro en sostener a Diego Aguirre. ¿Eso garantiza su continuidad? No. En Peñarol nada es eterno si no hay resultados. Pero sí marca una postura: hoy, la conducción del club no está comprando esta operación. La cuestión es, ¿cuánto tiempo puede soportar el Presidente la presión?
El análisis futbolístico debe ser serio. Si vamos a evaluar procesos, hagámoslo completos. El ciclo de Mauricio Larriera no puede resumirse en el 2021, como tampoco el de Diego Aguirre puede reducirse a un mal momento actual, sin tomar en cuenta el contexto de las lesiones. Si vamos a jugar a recortar, entonces seamos coherentes: el Peñarol de Aguirre también tuvo un 2024 donde compitió de verdad, donde ganó el Uruguayo de punta a punta y donde volvió a poner al club en una semifinal de Libertadores. Algo que no pasaba desde hacía años.
Entonces, ¿de qué estamos hablando? ¿De mejorar? Sí. ¿De exigir? Siempre. ¿De analizar cambios? También.
Pero no de comprar soluciones mágicas ni de caer en la trampa de cambiar por cambiar. Porque ahí está el verdadero peligro: el manotazo de ahogado. Sacar a Aguirre en medio de una tormenta para traer a un técnico que ya mostró límites claros, especialmente cuando tuvo que construir planteles y gestionar estas mismas crisis. Recordemos que cuando se sacó a Larriera, vino Ramos y luego Darío, todos sin éxito alguno.
El recuerdo del “juego lindo” no alcanza cuando la realidad exige respuestas estructurales. Hay otro punto que muchos omiten: el contexto. No es lo mismo dirigir con un plantel como el de 2021 que hacerlo con un equipo armado con limitaciones, lesiones, urgencias y decisiones discutibles desde la dirigencia. Aguirre, con virtudes y errores, ya demostró que puede sostenerse en escenarios complejos. Larriera, en ese mismo tipo de contexto, no.
Por eso, el debate no es Aguirre sí o Aguirre no. El debate es si Peñarol va a tomar decisiones en función de un análisis profundo o si va a volver a caer en la lógica de la presión mediática y las tendencias de redes sociales. Porque cuando el club decide desde afuera, casi siempre termina mal. Hoy más que nunca, Peñarol necesita cabeza fría. No titulares. No operaciones. No campañas.
Y mucho menos espejitos de colores, como aquellos con que los españoles robaron las riquezas de este continente y que parece, no hemos aprendido la lección.