Peñarol volvió a fallar cuando tenía que dar el golpe: empató con Corinthians y quedó afuera de la Libertadores
- 22/05/26
- Daniel Salcedo

Peñarol empató 1-1 frente a Corinthians en el Campeón del Siglo y quedó matemáticamente eliminado de la Copa Libertadores 2026. Otra noche amarga para un equipo que llegó obligado a ganar, que por momentos insinuó rebeldía, pero que terminó repitiendo exactamente los mismos errores que arrastra desde hace meses: retroceso excesivo, desconcentraciones defensivas, falta de personalidad y una alarmante incapacidad para sostener futbolísticamente los partidos importantes.
El aurinegro arrancó el encuentro con una postura lógica para el contexto: presión alta, intensidad y decisión para ir a buscar el resultado. Sabía que el empate no servía y durante los primeros minutos mostró una versión competitiva, dentro de sus limitaciones. De hecho, el gol de Maximiliano Olivera a los 19 minutos llegó en el mejor momento de Peñarol, cuando el equipo todavía proponía y lograba empujar a Corinthians contra su arco.
Pero el problema apareció inmediatamente después del 1-0. Peñarol volvió a cometer el pecado que más lo condenó en esta Copa: renunciar a jugar.
Tras ponerse en ventaja, el equipo retrocedió metros de manera automática, cedió la pelota y le entregó completamente la iniciativa al conjunto brasileño. Lo que hasta ese momento parecía un partido parejo pasó a convertirse en un monólogo de Corinthians, que sin ser un gran equipo ni presentar a todos sus titulares, dejó en evidencia la diferencia de jerarquía y calidad técnica respecto al fútbol uruguayo.
El primer tiempo terminó 1-0 únicamente por las intervenciones de Washington Aguerre y algunas malas definiciones brasileñas. Pero el escenario era insostenible. Peñarol defendía demasiado cerca de su área, acumulaba hombres atrás sin controlar espacios y daba la sensación de que el empate era inevitable.
Y finalmente llegó.
Otra vez una desatención defensiva. Otra vez marcas perdidas. Otra vez un equipo que pone cinco defensores y aun así deja rivales completamente solos dentro del área. Aguerre tapó de forma espectacular el primer remate, pero en el rebote apareció el atacante brasileño sin oposición para marcar el 1-1.
La repetición de errores que ya habían aparecido durante toda la Libertadores: contra Platense en Buenos Aires, contra Platense en Montevideo y también en varios partidos del torneo local. Peñarol volvió a pagar caro su fragilidad defensiva y su postura conservadora.
El problema no fue únicamente táctico. También hubo una evidente diferencia física y futbolística. Muchos jugadores llegaron condicionados: Eduardo Darias lejos del 100%, Emanuel Gularte regresando tras dos meses de inactividad, Diego Laxalt sin ritmo competitivo, Angulo todavía falto de fútbol. Y encima la lesión de Facundo Álvez obligó a modificar nuevamente el esquema en pleno partido.
En ese contexto, las decisiones de Diego Aguirre también dejaron dudas. El ingreso de Brian Barboza parecía natural para darle profundidad al sector derecho, pero el entrenador optó por retrasar a Franco Escobar como carrilero antes de darle protagonismo pleno al juvenil, que hoy parece ser claramente la mejor opción en ese puesto.
Y otra vez quedó demostrado que los juveniles son los que más contagian. Barboza, aun entrando desde el banco, mostró personalidad, energía y decisión. Algo que muchas veces faltó en jugadores de experiencia.
Cuando Peñarol quedó obligado a ir a buscar el triunfo tras el empate, nunca dio la sensación real de poder conseguirlo. Los ingresos de Abel Hernández y Facundo Batista aportaron voluntad, pero el equipo no tuvo claridad para generar situaciones. Los centros fueron frontales, previsibles y mal ejecutados. Corinthians defendió cómodo, sin sufrir demasiado, mientras esperaba espacios para liquidarlo de contragolpe.
Incluso pudo perderlo. Yuri Alberto ingresó y generó varias chances claras que otra vez encontraron respuestas de Aguerre, figura absoluta de Peñarol en la noche.
El empate terminó siendo insuficiente para el aurinegro, que ahora ya no tiene chances de avanzar a octavos de final y quedó reducido a pelear por un lugar en la Copa Sudamericana en la última fecha frente a Independiente Santa Fe.
Pero más allá de la eliminación puntual, lo preocupante es la sensación general que deja este Peñarol: un equipo golpeado, con poca confianza, condicionado físicamente y que en los momentos decisivos vuelve a mostrar las mismas limitaciones.
La Libertadores se terminó. Y la gran discusión ahora pasa por determinar quiénes son los responsables de este fracaso continental: los jugadores, Diego Aguirre, la dirigencia encabezada por Ignacio Ruglio o una suma de todos los factores.
La eliminación no parece obra de un solo culpable. Parece el resultado de una crisis estructural que Peñarol nunca logró resolver durante toda la temporada.