Peñarol golpeó en casa ajena y quedó a un paso del 1
- 23/04/26
- Gonzalo Giliotti

Hay triunfos que valen más que dos puntos. Y este de Peñarol, en cancha de Nacional, es uno de esos. Porque llega en un momento donde el equipo venía golpeado —por sanciones, por derrotas y por dudas— y responde donde más duele: en el clásico y como visitante.
El equipo de Leandro García Morales entendió el partido desde un lugar muy claro: competir cada pelota como si fuera la última. Y ahí empezó a construir la victoria. No fue un dominio aplastante ni mucho menos, pero sí hubo una convicción que terminó marcando la diferencia.
La clave estuvo en el rebote ofensivo. Peñarol no solo ganó esa batalla, la transformó en puntos y en desgaste rival. Cada segunda oportunidad fue un golpe anímico para un equipo tricolor que nunca logró sentirse cómodo. Ahí emergieron nombres como Nicola Pomoli, Jy’lan Washington y Andrés Ibargüen, imponiendo presencia física y lectura del juego.
Pomoli, además, fue el jugador de los momentos calientes. Cuando el partido se apretó, cuando la reacción rival amenazaba con darlo vuelta, fue él quien asumió. Rompió, anotó y clavó ese triple que frenó el envión. Fue, en definitiva, el termómetro emocional del equipo.
También hubo inteligencia colectiva. Santiago Vescovi entendió cuándo atacar y cuándo provocar faltas, sumando desde la línea en momentos clave. Y aunque no tuvo su mejor noche, Norris Cole apareció cuando más se necesitaba, aportando puntos que terminaron pesando en el cierre.
Del otro lado, James Feldeine jugó un partido descomunal. Sus 37 puntos sostuvieron a Nacional casi en soledad y lo mantuvieron con vida hasta el final. Pero el básquet es colectivo, y ahí Peñarol fue más equipo.
El cierre fue caótico, tenso, de esos que definen carácter. Nacional tuvo sus chances, incluso con tiros libres que pudieron cambiar la historia. Pero el Carbonero resistió. Defendió, rebotó y cerró el partido con esa cuota de oficio que tienen los equipos que están para cosas grandes.
Este triunfo no borra los problemas ni soluciona todo. Pero sí marca algo importante: Peñarol está vivo, compite y, cuando aprieta el contexto, responde.