Peñarol volvió a aplastar a Urunday, quedó match point y ratificó su candidatura al título de la LUB

  • 09/05/26
  • Gonzalo Giliotti

El básquetbol de Peñarol atraviesa un momento completamente opuesto al del fútbol. Mientras el equipo de Diego Aguirre vive una profunda crisis deportiva, el conjunto de Leandro García Morales continúa consolidándose como el gran candidato al título de la Liga Uruguaya de Básquetbol.

Este jueves el Carbonero volvió a demostrarlo con autoridad. Derrotó 109-86 a Urunday Universitario como visitante, colocó la serie 2-0 y quedó a una victoria de meterse en semifinales, ratificando además el enorme nivel colectivo que viene mostrando desde hace varios meses.

Aunque el trámite fue más parejo que en el primer punto disputado en el Palacio, Peñarol volvió a marcar diferencias claras cada vez que logró imponer su intensidad defensiva y acelerar el ritmo del partido. El aurinegro trabajó mucho mejor el segundo tiempo, corrigió algunos problemas que había mostrado en la primera mitad y terminó aplastando físicamente a un rival que jamás logró sostener el desgaste.

Una vez más, el cerebro del equipo fue Santiago Vescovi. El base volvió a hacerse dueño de los momentos importantes del encuentro, manejó los tiempos ofensivos y apareció con puntos determinantes cuando el partido estaba más equilibrado. Terminó con 22 puntos y cinco asistencias, además de firmar una noche perfecta desde el perímetro con un impresionante 4 de 4 en triples.

Pero más allá de la figura de Vescovi, Peñarol volvió a mostrar algo que lo hace diferente al resto de los equipos del torneo: una enorme cantidad de variantes.

Norris Cole apareció nuevamente en momentos clave para destrabar el juego, Nicola Pomoli aportó intensidad y energía desde la rotación, mientras que Martín Rojas cumplió un trabajo silencioso pero fundamental. El interno aurinegro fue decisivo en la defensa de cambios, colaboró constantemente sobre los perimetrales y dominó el rebote ofensivo, uno de los rubros que más castigó al conjunto estudioso durante toda la noche.

El equipo de Leandro García Morales además volvió a demostrar una identidad muy clara. Defiende duro, baja el ritmo del rival, controla las transiciones y obliga a jugar incómodo. Urunday intentó sostenerse desde la conducción de Mateo Sarni y algunos buenos minutos ofensivos de Randy Rickards, pero terminó chocando constantemente contra una defensa plantada que fue prácticamente impenetrable durante gran parte del complemento.

La diferencia terminó siendo contundente porque Peñarol fue creciendo a medida que avanzó el partido. El tercer cuarto volvió a ser decisivo para quebrar definitivamente el trámite y desde allí el Carbonero manejó todo con tranquilidad, aprovechando además la baja efectividad exterior del local y su poca capacidad para correr la cancha.

El presente aurinegro ilusiona cada vez más. El equipo acumula seis triunfos consecutivos, mantiene un funcionamiento sólido, tiene figuras de jerarquía y, sobre todo, transmite sensación de equipo serio y maduro para competir en instancias decisivas.

Ahora la serie se trasladará nuevamente al Palacio Peñarol, donde el Mirasol tendrá la gran oportunidad de cerrar la llave y sellar su clasificación a semifinales.