Sanidad con nombre y apellido: el calvario carbonero con los desgarros como factor común
- 05/10/26
- Daniel Salcedo

El partido ante Montevideo City Torque dejó poco para rescatar en lo futbolístico y mucho para lamentar en la camilla. Cerca de la media hora, Franco Romero y Maximiliano Olivera tuvieron que salir con sendos desgarros que los dejan afuera de los próximos compromisos. Y como si fuera poco, Abel Hernández intentó una acrobacia en el área rival, cayó mal y se hizo un esguince de clavícula que lo margina un par de fechas. Tres más a sanidad en una sola tarde.
Para el hincha la sensación ya es conocida: cada semana Diego Aguirre arma el equipo con lo que tiene a mano, y repetir el once se volvió casi una utopía. Pero antes de opinar ligeramente del tema, vale la pena frenar, mirar los números con calma y separar la paja del trigo.
Un relevamiento de Ovación repasó a los 19 futbolistas aurinegros que pasaron por sanidad en lo que va del año. De ellos, 16 tienen partidos de baja contabilizados y entre todos suman 149 encuentros sin poder ser convocados. Ojo con el criterio: solo cuentan los partidos en los que el jugador quedó afuera por razones médicas. Si estuvo en el banco o no fue citado por decisión técnica, no entra en la cuenta.
Entonces la primera conclusión que podemos sacar es que las ausencias no están repartidas. Diez jugadores se llevan casi nueve de cada diez partidos de baja. No estamos ante un plantel de cristal, sino ante un problema con nombre y apellido. Eso no lo hace menos grave, pero sí obliga a mirarlo de otra manera.
El músculo que no da tregua
Eduardo Darias (17 partidos de baja), Diego Laxalt (16), Luis Angulo (13) y Maxi Olivera (12) son los casos más claros de reincidencia muscular. Entre los cuatro suman 58 ausencias, casi el 40 por ciento del total. Lo llamativo es que no hablamos de lesiones largas, sino de desgarros, distensiones y recaídas en cadena. Laxalt se desgarró y después se resintió; a Angulo le pasó lo mismo con el muslo; Olivera arrastró una lesión de rodilla, luego problemas musculares y ahora un desgarro en el gemelo izquierdo. Darias lleva tres partidos sin jugar; Laxalt y Angulo, seis.
En otra categoría quedan Jesús Trindade, que estuvo 12 partidos afuera por un desgarro complejo de ocho milímetros, y Gonzalo Gelini, que hace cinco fechas que no es convocado por un desgarro del que no hay más detalles. Lesiones más severas, pero puntuales.
Este es el núcleo duro de la discusión, y no hay que esquivarlo. Una lesión muscular le pasa a cualquiera. Tres o cuatro en el mismo jugador ya son un patrón. ¿Se apuraron regresos? ¿Se están dosificando bien las cargas? No tenemos la respuesta, pero la hinchada tiene todo el derecho a hacerse la pregunta, porque cuando los que caen una y otra vez son piezas que el equipo necesita, el costo se paga en la tabla.
Cuando la culpa es de la mala leche
El que más partidos se perdió en el año es Nahuel Herrera, con 30. Pero meterlo en la misma bolsa sería injusto: lo suyo fueron dos lesiones óseas de pura mala suerte. Primero una luxación de hombro que terminó en el quirófano en España y lo tuvo 22 partidos afuera, y después una fractura del quinto metatarsiano que le costó otros ocho.
Lo mismo corre para Leo Fernández, que se rompió el ligamento cruzado de la rodilla derecha en abril, se operó ese mismo mes y sigue en plena recuperación. Y para Javier Cabrera, que se comió casi todo el primer semestre por la rotura de cruzados que arrastraba desde 2025; Aguirre lo mandó a la cancha rápido y el Cangrejo agarró ritmo enseguida. Ni uno ni otro tienen historial de problemas musculares, pese al desgaste que les exige su rol cuando están a la orden.
A la lista de golpes duros se suma Lucas Hernández, con 12 partidos de baja entre una lesión de meniscos de la rodilla derecha y un desgarro en el posterior. Ningún preparador físico del mundo evita que un hombro se salga de lugar o que un hueso se quiebre en una pisada. Estos casos duelen, pero no explican el problema de fondo.
La Joya, el gran malentendido
Abel Hernández vuelve a sanidad por la clavícula, pero ya figuraba en la lista por la lesión de rodilla de la pretemporada, que lo dejó afuera de los primeros 11 partidos del año. Ahora, el dato que muchos no quieren ver: no se perdió un solo partido por problemas musculares en todo 2026. Sumó 25 partidos, la mayoría arrancando en el banco y con pocos minutos, pero siempre disponible.
Mucha gente lo tiene catalogado como un jugador de cristal, y los números lo desmienten con claridad. Se le podrá discutir el rendimiento o el lugar en el equipo, pero no el compromiso de estar.
El resto de la lista es casi anecdótico: Stiven Multheier y Leandro Umpiérrez con cuatro partidos de baja, Facundo Batista con tres, Marcelo Lemos y Franco Escobar con dos, Jonathan Rodríguez con cinco por una sobrecarga atribuida a la falta de rodaje, y Franco Romero con uno antes del desgarro del fin de semana. Además, quedaron fuera de la cuenta los juveniles Germán Barbas y Tomás Olase, que venían de roturas de cruzados y fueron llevados con calma, y Brandon Álvarez, que apenas sumó 46 minutos en tres partidos entre idas y vueltas por una pubalgia.
Este relevamiento no alcanza para condenar ni para absolver al área de preparación física o a sanidad. Para eso harían falta datos de cargas de trabajo e indicadores que maneja el club puertas adentro. Lo que sí deja claro es que bajo el número 19 conviven tres realidades distintas: recaídas musculares, desgarros puntuales de recuperación larga y golpes fortuitos. Mezclarlas solo sirve para hacer ruido.
El calvario existe y lo sufrimos todos los fines de semana: un Peñarol que no puede sostener su mejor versión porque nunca la tiene completa. La solución no pasa por señalar a todo el cuerpo técnico, sino por mirar con lupa los casos que se repiten. Al club le pedimos transparencia y trabajo fino con los que reinciden, porque el cierre de temporada no perdona y cada recaída se paga caro.