Un campeonato manchado: el sistema putrefacto volvió a inclinar la cancha y Peñarol fue otra vez víctima del poder
- 01/12/25
- Daniel Salcedo
La final ya terminó, los albos dieron la vuelta, pero todos sabemos que esto no fue fútbol. Esto fue una operación.
Una orden. Un mensaje. Una confirmación de que el sistema que gobierna el fútbol uruguayo está podrido hasta la raíz. Y si alguien tenía dudas, hoy quedaron despejadas.
El penal del escándalo: el día en que el VAR desapareció
A los pocos minutos, cuando el clásico recién empezaba a tomar temperatura, Leonardo Fernández controla, encara, pisa y recibe un topetazo que lo desarma en el área. Penal claro. Penal de reglamento. Penal que se cobra en cualquier partido serio del mundo. Pero no cuando juega Peñarol. No cuando el árbitro es Gustavo Tejera. No cuando el VAR está manejado por Diego Dunajec, el mismo que ya tiene antecedentes contra nosotros. No cuando el presidente de la AUF, Ignacio Alonso, viene bailando al ritmo de las necesidades de Nacional desde hace meses.
El VAR ni llamó. Ni siquiera invitaron a revisarla. El juez hizo un gesto rápido —“nada, siga”— como si fuera un amistoso de pretemporada en Barros Blancos. Ahí se marcó la tendencia. Ahí se escribió el partido. Lo demás fue decorar el libreto.
La dirigencia explotó… y con razón
La indignación no es de Twitter. No es de la tribuna. Es institucional. El presidente Ruglio fue el primero en decirlo: “Una vergüenza”. Y después llegaron los mensajes más fuertes, los que representan exactamente lo que sintió la mitad del país.
Gonzalo Moratorio:
“Son el sistema putrefacto que hizo mierda nuestro fútbol. Cobardes y repugnantes”.
Julio Trostchansky:
“Robaste. Hiciste el mandado. No tenés vergüenza”.
Y sí: hicieron el mandado. Porque lo de hoy no fue casual. Fue parte de un sistema armado, defendido y sostenido por la misma AUF que se abraza con Nacional en cada desición dudosa. Hoy quedó clarísimo: si Peñarol no rompe este aparato de poder, lo van a seguir planchando.
¿Y el partido? ¿Qué partido?
Después de un robo así, ¿qué análisis deportivo se puede hacer? ¿De qué planteo, de qué cambios, de qué errores vamos a hablar si el partido lo define un árbitro que decide no decidir? La final empezó 1-0 para Nacional cuando Tejera decidió que el reglamento no aplicaba para ellos. Todo lo que vino después fue intentar remar contra una corriente diseñada para ahogarte.
Peñarol pudo haberlo ganado. Tuvo chances. Tuvo actitud. Tuvo rebeldía. Pero cuando la AUF quiere un campeón, lo consigue.
El mensaje final es claro: Peñarol contra todos
Hoy Peñarol perdió un campeonato, sí. Pero lo que realmente perdió Uruguay fue otro pedazo de credibilidad. Un clásico final definido por una ilegalidad arbitral. Un título que mañana se recordará con un asterisco gigante, porque todos lo vimos:
el campeonato lo definieron arriba, no en la cancha. Y a los que se creen invencibles, a los que desde AUF creen que este poder les va a durar para siempre, Moratorio lo dijo perfecto:
“La impunidad no es eterna. Todo vuelve”.
Que disfruten el título. La historia se acuerda de los que ganan… pero también recuerda quiénes lo hicieron limpio y quiénes lo hicieron sucio. Y esta final fue sucia.
