Arezo, voz de carácter: Tuvimos 30 minutos malos, pero cuando Peñarol se lo propone, las cosas salen
- 23/11/25
- Daniel Salcedo
En un Campeón del Siglo que pasó del golpe al desahogo en cuestión de minutos, Matías Arezo volvió a aparecer cuando más lo necesitaba Peñarol. Su gol en la última jugada del primer tiempo no solo abrió la puerta a la reacción: también encendió el fuego anímico que permitió igualar el clásico y dejar la serie abierta para la batalla final en el Parque Central.
Tras el 2-2, el 19 habló como lo que es: referente competitivo, voz de adentro y delantero consciente de lo que exige la camiseta más pesada del país.
Autocrítico y claro: “Los primeros 30 minutos fueron los peores”
Arezo no buscó excusas. No maquilló nada. No le tiró la pelota a nadie.
“No nos salió prácticamente nada. Terminamos recibiendo dos goles por errores nuestros. Fueron los peores 30 minutos para nosotros.”
Fue frontal, sincero y alineado con lo que el hincha vio: un arranque condicionante, donde Peñarol se enredó solo y Nacional aprovechó cada desatención. Pero también explicó el punto de quiebre:
“Cuando encontramos la calma, fuimos superiores.”
Y fue así. Cuando Peñarol bajó la pelota, dejó de entrar en el “pelotazo va, pelotazo viene”, y empezó a jugar, volvió a ser Peñarol.
La reacción y el gol que cambió todo
El gol de Arezo sobre la hora del primer tiempo fue la chispa que transformó un partido que se estaba escapando. El propio 19 lo reconoció:
“La rebeldía de poder haber hecho el gol en los últimos minutos nos llevó a encontrar esa confianza para jugar el segundo tiempo.”
Peñarol salió a la cancha distinto: más directo, más preciso, más protagonista. De hecho, lo dijo con claridad:
“Somos un equipo que cuando se lo propone y trata de jugar, por calidad, las cosas salen.”
La clave estuvo en recuperar el control emocional y futbolístico, y Arezo lo remarcó como una obligación para el domingo que viene.
Leo Fernández, un arma que Arezo sabe aprovechar
Hubo mención especial para el 10:
“Hay que aprovechar la pegada de Leo, es difícil para cualquier arquero.”
Y razón no le falta. La sociedad Arezo–Leo volvió a funcionar: uno atrae marcas y castiga, el otro filtra, cambia ritmos y lastima desde la pelota quieta. Si esa dupla llega encendida al Parque Central, Peñarol tiene con qué ir a buscarlo.
Autocrítica interna y un mensaje directo: no puede volver a pasar
Arezo contó que la charla del entretiempo fue fuerte:
“Principalmente hubo autocrítica. Sabemos que tenemos que asumir nuestros errores.”
Eso explica mucho de lo que se vio luego. Peñarol no salió a buscar el empate desde la desesperación, sino desde la claridad: bajar la pelota y jugar. Esa identidad es la que deberá aparecer desde el primer minuto en la revancha.
El arbitraje y el triángulo Mejía–VAR–roces clásicos
Arezo no entró en polémicas, pero dejó un mensaje sutil:
“Hay árbitros que dejan jugar y otros que cortan más. Un clásico hay que darle más ritmo.”
También destacó que, pese a errores del arquero rival, Mejía tuvo atajadas clave que evitaron la remontada total.
Mentalidad para la revancha: “Lo vamos a salir a buscar”
El cierre de Arezo fue, quizá, lo más importante de toda la conferencia:
“Tenemos las herramientas para ir a buscar el partido allá. El vestuario está fuerte.”
No hay dudas: este equipo crece en la adversidad, y si algo demostró en esta final de ida es que no está por casualidad peleando por el título. En el Parque Central, Peñarol tendrá que ser fiel a su esencia: rebeldía, juego y jerarquía. Y Arezo, una vez más, se perfila como faro futbolístico y emocional.
