De la mano de Tejera, los albos se consagran: un campeonato marcado desde el silbato

  • 30/11/25
  • Daniel Salcedo

De la mano de Gustavo Tejera, los tricolores volvieron a gritar campeón después de dos años. El gol de Ébere en el alargue cerró la historia… pero la historia ya venía escrita desde antes. Porque después del penal no sancionado a favor de Peñarol en la primera parte, cualquier análisis futbolístico queda invalidado. Cuando el juez condiciona un partido de este calibre desde el arranque, cuando la cancha se inclina sin pudor, cuando el reglamento se aplica según el color de camiseta, todo lo demás pasa a ser ruido de fondo.

 

Un arbitraje tendencioso, amparado por el VAR

La actuación de Tejera —en complicidad con un VAR selectivo que miró para un solo lado— fue determinante. En las chiquitas, en las medianas y en las grandes:
Siempre favoreciendo al local.
Siempre cortando el ritmo cuando Peñarol tomaba envión.
Siempre dejando pasar las faltas estratégicas de los de La Blanqueada.

Y el penal… el penal que todo Uruguay vio, menos el que tenía que verlo. Ese era el partido. Ese era el quiebre. Ese era el 1-0 de Peñarol. No se cobró. Y ahí se terminó el campeonato.

 

Había orden de que nacional de Montevideo saliera campeón

Lo que se vio hoy no fue casualidad. La AUF, el arbitraje, el VAR… cada señal apuntaba hacia el mismo lugar. Y el desarrollo del partido lo confirmó: este campeonato tenía destinatario preestablecido.

 

Ciclo cumplido para La Fiera

Aguirre devolvió cosas, recuperó competitividad y sostuvo al equipo en un año lleno de lesiones. Eso nadie lo discute. Pero en Peñarol, perder dos campeonatos de tres es inadmisible.

Hoy los cambios fueron un desastre:
Entró Báez sin argumento futbolístico.
El equipo jugó gran parte del alargue sin un 9 real.
La estructura se desarmó en el peor momento.

Aguirre murió con la suya… pero arrastró a Peñarol en el intento.

 

Es tiempo de cerrar el ciclo y volver a pensar en grande

Peñarol necesita un nuevo liderazgo, un proyecto claro y un entrenador que ponga el club por encima de sus convicciones personales. Hoy, con todo el dolor, quedó claro que La Fiera ya no es ese entrenador.