El empate nos deja cerca de todo: un Peñarol que sufrió, reaccionó y llega vivo a la batalla final
- 23/11/25
- Daniel Salcedo
Peñarol dejó pasar la chance de ir con ventaja al Parque Central, pero también demostró algo que en los clásicos pesa más que cualquier pizarrón: personalidad para levantarse cuando estaba al borde del knockout. Diego Aguirre lo dijo sin rodeos: “El equipo se descontroló al inicio, pero terminamos haciendo méritos para ganarlo”.
Y es exactamente así.
La final de ida fue una montaña rusa: errores gruesos, bajas sensibles, un 0-2 que heló al Campeón del Siglo… y un Peñarol que, aun contra sí mismo, volvió al partido a puro corazón y jerarquía.
El arranque para el olvido y la reacción que sostiene la fe
Aguirre no maquilló nada: “Tuvimos errores puntuales y los pagamos muy caros.”
Nacional presionó bien y el Mirasol falló salidas que habitualmente no falla. Ese combo, más las lesiones de Herrera, Milans y Hernández, más la roja a Méndez, pudo haber sido terminal para cualquiera.
Pero este Peñarol, irregular y todo, tiene una virtud: no se resigna jamás. El gol de Arezo en la última del primer tiempo fue, como dijo la Fiera, “una inyección anímica”.
Desde ahí, el equipo salió a jugar el segundo tiempo con otra energía, con otra convicción, con la misma rebeldía que mostró para eliminar a Liverpool.
Leo Fernández: la figura que apareció donde el clásico la pedía
Aguirre lo remarcó bien: “Leo terminó siendo totalmente decisivo.”
El 10 tuvo un segundo tiempo de esos que marcan diferencias en series finales: condujo, filtró, remató y fue el imán del fútbol aurinegro. Su gol, además de empatar el partido, fue la demostración más clara de que Peñarol tiene jerarquía individual para competir en cualquier cancha.
Que Leo llegue así al Parque Central es, sin exagerar, media vida para la revancha.
Un técnico que no se esconde: banca al plantel y reconoce lo que falta
Aguirre habló de irregularidad, de altibajos, de que “el equipo le costó entrar en juego”. Nada nuevo.
Pero también dejó claro que este plantel está de pie, aun con las bajas: “Estamos preparados. Los que entren tienen mi confianza total.”
Y fue frontal al explicar por qué entró Diego García: “Sentíamos la obligación de proponer más y buscar el partido.”
Lo más importante de la conferencia fue, sin dudas, el mensaje final: Peñarol sigue dependiendo de sí mismo. Depende de su carácter, de su jerarquía y de su historia.
La frase de la noche: “El empate nos deja cerca de todo”
La Fiera lo resumió con una claridad meridiana: “Era muy difícil remontar, pero como se dio el partido, el empate nos deja cerca de todo.”
Y tiene razón. Con un 2-0 en contra, con lesiones, con expulsiones y con un rival que aprovechó cada error, Peñarol salió vivo y fortalecido.
La serie está abierta. La presión ahora es del local, del que juega con su gente y del que sabe que si Peñarol golpea primero, la historia cambia de color.
Lo que viene: un partido definitivo, en territorio enemigo, pero con el Mirasol siempre listo para la guerra
Aguirre lo cerró con la actitud justa para lo que viene: “Este equipo ha superado adversidades. Esperemos estar a la altura y lograr el campeonato.”
El domingo en el Parque Central será a cara de perro. Pero Peñarol llega con algo que no se compra ni se negocia: convicción. Jerarquía. Y una historia que pesa toneladas.
La serie está viva. Peñarol está vivo. Y todo está por definirse donde más les duele a ellos.
