El juego del calamar: Peñarol 1-2 Platense, derrota que duele por lo visto en cancha
- 18/04/26
- Daniel Salcedo

Peñarol perdió en el Campeón del Siglo y no fue una caída más. Fue de esas derrotas que no solo te complican la tabla: te dejan preguntas incómodas. El 1-2 ante el muy modesto Platense, por la segunda fecha de la Copa Libertadores, no se explica solo en el resultado. Se explica en cómo se jugó. Y ahí está la verdadera preocupación para el hincha Carbonero.
En los papeles, el Carbonero tenía una hoja de ruta clara: hacer 6 de 6 ante Platense para pelear la clasificación. Platense debutante en Libertadores y de plantel medio pelo para abajo, deambula por la parte baja de la tabla en su grupo de la Liga Argentina. Bueno, esa cuenta ya no existe. Peñarol hoy tiene 1 punto de 6, con Corinthians cortado arriba y el margen de error reducido al mínimo.
Pero como dijimos, lo más preocupante no es la tabla. Es que Peñarol nunca pareció superior a este modestísimo equipo, que subió a primera en 2021 y dudosamente permanezca mucho tiempo más. Y esto, jugando en nuestra propia casa, es una señal de alarma.
El análisis táctico deja algo clarísimo, Peñarol jugó sin un organizador a falta de Leo. La mitad de la cancha fue un embudo, Remedi, Jesús Trindade y el Indio Fernández. Mucho recorrido, mucha marca… cero generación. Sin Leo Fernández, el equipo quedó sin cerebro. Nadie que baje la pelota, cambie el ritmo o meta un pase filtrado.
Pero lo que no s dejó inquietos a muchos, es que no hubo intento de solución. por parte de Diego Aguirre. Ni en el planteo inicial ni desde el banco. Acá hay que decirlo claro, esto también es responsabilidad de Diego Aguirre. Su equipo volvió a repetir un juego reactivo y vagamente elaborado, muy basado en el contragolpe. Ese libreto puede servir contra rivales grandes. Pero no contra Platense de local.
Y cuando el partido pedía otra cosa, Aguirre no corrigió el sistema, no encontró variantes y encima se guardó cambios. Ahí es donde la crítica deja de ser resultadista y pasa a ser estructural.
En medio del desorden, hubo actuaciones buenas, Matías Arezo por ejemplo, golazo, movilidad, peligro constante. Fue, por lejos, el mejor. El problema es que jugó solo. Peñarol generó muy poco y todo pasó por él. Cuando un equipo depende de un delantero aislado, el final suele ser el mismo. También hubo algo de Angulo, pero fue muy poco habilitado.
La defensa es otro tema que preocupa, el primer gol de Platense no sorprende. Es calcado a errores recientes, por ejemplo del partido con Liverpool en el mismo CDS, centros laterales, defensa mal posicionada, falta de reacción. Es repetido. Y cuando los errores se repiten, ya no son errores: son falencias no corregidas. No se ve el trabajo en defensa que debe hacerse en la semana.
El segundo, de penal, llega en el peor momento: apenas después del empate. Un clásico golpe psicológico a un equipo que no tiene respuesta anímica ni futbolística.
Aguirre movió el banco, sí. Pero tarde, mal y sin lógica clara. No apareció ese jugador que reemplace a Leo Fernández. No hubo un intento real de cambiar el partido. Peñarol necesitaba una idea nueva… y no la tuvo.
El grupo todavía da chances. Pero esta versión de Peñarol no genera adelante y no no transmite seguridad ni en el medio ni en defensa. Así, clasificar es más una ilusión que un objetivo real. Esto no esmucho más que perder tres puntos. Es perder certezas.
Peñarol dejó de ser fuerte en su casa. Dejó de ser confiable. Y, peor aún, no muestra un camino claro para salir. La Copa no está perdida. Pero si no aparece fútbol —y rápido—, va a ser cuestión de tiempo.