Fabro y la defensa a muerte de Bielsa: "el proceso de Marcelo Bielsa no fue un fracaso, era lo que necesitaba la Selección Uruguaya"

  • 27/06/26
  • Daniel Salcedo

 

Uruguay quedó afuera del Mundial en fase de grupos, con el formato y el grupo más accesibles de la historia reciente. Para gran parte de la prensa "tradicional" y la hinchada, eso es lisa y llanamente un fracaso absoluto. Fabro, youtubber del canal Fabro6 y referente de la trinchera bielsista en Uruguay, no lo niega: es un fracaso deportivo. Pero ahí mismo traza la línea que separa el resultado del proceso, y deja clarísimo de qué lado se para.

 

"El proceso de Bielsa no ha sido un fracaso"

Esa es la frase que ordena todo el editorial. Fabro repite varias veces que no sigue a técnicos, que nunca tuvo devoción particular por ningún entrenador en su vida, y que tampoco la tiene por Bielsa como figura de culto. Sin embargo cualquiera que siga sus análisis sabe que esto no es así. La cuestión es que sostiene que la forma de trabajar de Bielsa, su manera de plantarse frente al poder y su perfil eran exactamente lo que necesitaba una selección uruguaya en transición.

Ahí está lo que más me llamó la atención del editorial: bancar el proceso sin necesidad de idolatrar al técnico. No ser un fanático encegecido, como por ejemplo Damián Herrera, Lo que hace Fabro es una lectura de contexto, un análisis más profundo, que no todo el mundo está capacitado para procesar en este momento. Esa distinción es la que le permite, después, marcar los errores sin que eso se transforme en una condena.

Desde este espacio hemos destacado muchísimas veces el trabajo del Bielsa en lo que se refirío al cambio generacional de la Selección, sin embargo también dijimos que luego de la Copa Amñerica debio ser cesado en su cargo, sin importar el costo económico que ello implicara, porque el proceso había girado para mal y la limpieza ya estaba hecha. En definitiva, Uruguay queda eliminado del mundial mayormente por la responsabilidad de uno de los jugadores que Bielsa vino a limpiar, irónico por dónde se lo mire.

 

Las críticas puntuales que sí hace

Fabro no le esquiva el bulto a las decisiones inentendibles de Marcelo Bielsa. La principal: sostener a Muslera como titular durante todo el Mundial, a pesar de los errores que había cometido en este torneo y también en el mundial anterior, en lugar de darle continuidad al proceso con su arquero titular, Rochet. Y lo que más le genera dudas es un dato que surge recién después del partido con España: Bielsa no pensaba sacar a Muslera en el entretiempo pese a sus errores; fue el propio jugador el que pidió salir. Isólito.

También señala como contradictorio el manejo de Pellistri, que no sumó un solo minuto en todo el torneo después de haber sido parte del proceso, mientras Canobio se afirmó como titular casi de la nada. Esto también lo mencionamos desde este espacio. Apunta a Valverde, que pese a ser figura del Real Madrid tuvo una participación a cuentagotas en la selección y desapareció justo en el partido más importante.

Son críticas concretas, con nombre y apellido. Pero ninguna le alcanza para tirar abajo la lectura general: para Fabro, esos son errores de gestión puntuales, no la prueba de que el proceso estuviera mal encarado.

 

El verdadero blanco: la prensa "amarillista" y el periodismo que opera

Una vez marcadas las críticas puntuales, el editorial cambia de eje y ahí se nota dónde pone Fabro la energía. Acá ya me parece que no corresponde, porque los colegas de otros medios tienen todo el derecho a opinar y decir lo que crean conveniente y será responsabilidad de el cuerpo técnico y los dirigentes aislar al grupo. De hecho, no creo que la selección pierda un partido por cosas que diga Alberto Pérez en las Voces del Fútbol, dicho esto con todo respeto.

En definitiva, Fabro habla de una prensa uruguaya direccionada que, en pleno Mundial y antes del partido clave contra España, filtró información del vestuario para generar mal ambiente. Dice que esa misma operación se replicó después en relatos de ESPN durante la transmisión del partido, como si los relatores argentinos recibieran línea directa desde el periodismo uruguayo.

Fabro conecta esto con un problema que no es de ahora: lo compara con lo que vivió Tabárez, otro técnico que tuvo que blindarse y blindar a su grupo frente a la prensa. Y traza una línea histórica hasta los años de Eugenio Figueredo en la AUF, procesado por corrupción, como el punto de quiebre que explica por qué el fútbol uruguayo necesitó técnicos que se cerraran hacia adentro para poder trabajar.

 

Paco Casal, el poder real detrás de todo

El nombre que más pesa en el editorial, sin embargo, es Paco Casal. Esto me dejó totalmente desconcertado. Fabro lo señala como la figura que concentra poder en la AUF (creo que nunca tuvo tan poco poder como ahora), en los clubes y en la Mutual, y que no tiene ningún incentivo en mejorar las condiciones reales del fútbol uruguayo porque su negocio no depende de eso. Lo vincula directamente con la disputa reciente por los derechos de televisión, y plantea que buena parte de la prensa amarillista que machacó contra Bielsa en realidad apuntaba a pegarle a Ignacio Alonso, por haber empujado para mejorar esos contratos. Allí puede haber algo de verdad, sin embargo Alonso no es menos responsable de una cosa por haber conseguido la otra. No se entiende demasiado, parece un poco tratar de salvar a Alonso de las críticas que se han dado y que me parecen justas. 

Cuando en un club se fracasa de modo absoluto en una competición, no solo se critica a jugadores y cuerpo técnico, los dirigientes tienen su cuota parte de responsabilidad. Ser presidente de la AUF, cobrando los miles de dolares que se cobran, no es solo para tomar whisky y fumar habanos, toca poner la cara y hacerse responsable.

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