Gastón Ramírez y Silvera tienen más cosas en común de lo que parece
- 07/02/26
- Andrés López

Gastón Ramírez, hoy jugador de Boston River, salió públicamente a defender el pase de Maximiliano Silvera a Nacional y a cuestionar la reacción de algunos futbolistas de Peñarol, que le cantaron “el que no salta es un traidor” al actual delantero tricolor.
Según el exvolante aurinegro, Silvera se fue porque Peñarol no lo quiso, porque no se le cumplieron promesas y porque nunca se dudó de su entrega. Incluso mostró dolor por las versiones que ponían en duda el profesionalismo del atacante y aseguró haber hablado con él en privado.
Ramírez también comparó esta situación con “otras épocas”, mencionando referentes históricos del club, y sostuvo que hay que respetar las decisiones individuales, entendiendo que no todos tienen el mismo vínculo con Peñarol.
Hasta ahí, la opinión. El problema no es que opine. El problema es desde dónde lo hace.
Porque resulta, cuanto menos, vergonzoso que en el ocaso de su carrera, Gastón Ramírez se muestre más preocupado por cómo reaccionan excompañeros de Peñarol que por revisar su propio recorrido con el club que lo formó y su aporte sería mucho mayor desde el silecio.
La memoria es selectiva, pero los hechos son testarudos.
Hablemos del propio Gatón. Desde dónde opina. Mientras Peñarol jugaba semifinales de Copa Sudamericana, Gastón Ramírez prefería quedarse en su casa, sin equipo. Mientras el club lo fue a buscar una y otra vez, él eligió seguir estirando su carrera en Italia, incluso en equipos de bajo perfil como Virtus Entella.
Repasemos los hechos, con fechas y contexto:
Entre julio y diciembre de 2021, Ramírez estuvo sin equipo tras su salida de Sampdoria. Peñarol lo llamó. No quiso venir.
Luego firmó con Monza, volvió a quedar libre y pasó tres meses parado hasta octubre de 2022, cuando arregló con Virtus Entella. Peñarol volvió a llamar. Otra vez no quiso venir.
En agosto de 2023, eligió San Lorenzo antes que volver al club que lo formó.
En todos esos momentos, Peñarol se comunicó. En todos, las negociaciones se cayeron por lo mismo: pretensiones económicas altas, incompatibles con la realidad del club. ¿Les suena?
Recién en 2024, cuando del otro lado del río ya no lo querían y su rodaje era mínimo, apareció Peñarol como opción real. En ese momento la dirigencia no lo quería. Entendían —con razón— que el jugador había rechazado al club cada vez que pudo y ya estaba en el ocaso de su carrera y podía aportar muy poco.
¿Quién cambió la historia? Diego Vicente Aguirre.
El entrenador puso la cara, exigió su contratación y logró que se le hiciera un contrato normal, no a rendimiento como pretendía la diregencia, apostando a su experiencia y jerarquía. Bastante bien lo trataron. Demasido en mi opinión y con el diario del lunes.
El final anunciado y la falta de autocrítica
El vínculo terminó y Peñarol decidió no renovarlo. ¿Los motivos? Claros:
Muchas ausencias por lesión
Minutos dosificados para evitar nuevas molestias
Poco aporte sostenido en cancha
Entonces surgen las preguntas inevitables:
¿Por qué ante cada polémica en Peñarol aprovecha para criticar a Aguirre o a sus compañeros o al mismo Peñarol?
¿Con qué argumentos puede estar ofendido Gastón Ramírez, si cada vez que Peñarol lo llamó antes, dijo que no?
Para rematar, en una anterior entrevista deja entrever críticas a Diego Aguirre, tanto por el funcionamiento del equipo como por el contrato que se le arregló. Al mismo técnico que insistió en traerlo, cuando no era del gusto de la directiva.
Gastón, tenés mucho en común con Silvera.