Martirena, el gesto provocador que vuelve como boomerang

  • 15/12/25
  • Andrés López

Hay gestos que en el fútbol no son inocentes. Y hay otros que, directamente, te marcan y te definen. Gastón Martirena eligió pararse del lado de la chicana barata cuando Racing, a duras penas, eliminó a Peñarol de la Copa Libertadores 2025 y decidió hacer el gesto de “a dormir”. Sobrador, provocador y canchero. No fue casualidad, no fue espontáneo y tampoco fue ingenuo: Martirena es uruguayo, declarado hincha del cuadro blanco y lo hizo para la tribuna. Mucho más ofensivo fue a sabiendas de que es un jugador mediopelo absoluto.

martirena

El problema no es el folklore. El problema es cuando el folklore se convierte en soberbia, en falta de respèto al rival… y después el fútbol te cobra la factura con intereses.

Racing llegó a la final con Estudiantes con un objetivo claro: clasificar a la Copa Libertadores 2026. No era un partido más. Era el partido. Y ahí, cuando había que apretar los dientes, aparecer con humildad y entender el contexto, Martirena volvió a ser Martirena, el pecho frío que en Uruguay todos conocemos.

Ingresó en el tramo final, erró su penal y fue uno de los grandes apuntados en la derrota que dejó a la Academia afuera de la Libertadores. “Le hicieron creer que es Neymar”, disparó Azzaro, periodista partidario de Racing, molesto con un jugador que “juega más para él que para el equipo”, que no marca, que se cree wing cuando es lateral y que entra a una final con más ganas de lucirse que de cumplir.

 

Cuando el personaje se come al jugador

El gesto a Peñarol no fue un detalle aislado: fue una muestra de falta de carácter competitivo real. El que está concentrado en ganar no necesita provocar. El que entiende el peso de una camiseta no cancherea. El que respeta el juego habla dentro de la cancha, no con gestos tribuneros. Martirena eligió el camino corto: el del guiño a la tribuna equivocada, el del aplauso fácil, el del “miren qué vivo que soy”. Y el fútbol, que no perdona a los sobradores, lo dejó expuesto en el momento más importante.

Mientras Racing se queda mirando la Libertadores por TV, el gesto vuelve como espejo. Ya no hay sueño ajeno para señalar. Ahora el que quedó dormido fue él.

Hay una diferencia enorme entre tener personalidad y ser sobrador. Entre tener confianza y creerse más de lo que uno es. Entre competir y jugar para la cámara. Martirena cruzó esa línea hace rato, y cuando eso pasa, el jugador deja de ser solución para transformarse en problema. El fútbol argentino —y el sudamericano en general— no perdona a los que no entienden el juego. Y Racing, como bien dijo Azzaro, es un club de dientes apretados, no de cancheritos.

Y la Libertadores 2026… esa verá a Peñarol desde el sillón.