Pablo Schiavi, candidato a presidente de Peñarol, le pegó a Ruglio tras el papelón de Peñarol en el apertura
- 28/04/26
- Andrés López

Pablo Schiavi no habló de una derrota, habló de un papelón. Y eso no es una exageración, es una descripción ajustada del papel de Peñarol en esta primera parte del año.
Lo mostrado ante Wanderers fue otro golpe deportivo, pero sobre todo fue una nueva confirmación del desorden institucional en el que está sumido el club. Porque cuando un equipo pierde el rumbo dentro de la cancha, todavía puede discutirse si el problema es futbolístico. Pero cuando además nadie da la cara, nadie asume responsabilidades y todo se comunica por estados de WhatsApp o mensajes indirectos, el problema ya dejó de ser deportivo.
Acá es donde creo que Schiavi tiene toda la razón. Su mensaje no fue solo una crítica a la derrota, que todos podemos y debemos hacer. Fue un golpe directo al modelo de conducción que hoy gobierna Peñarol. Porque el señalamiento no fue solamente al resultado, sino a la forma. A la forma de comunicar, a la forma de conducir y a la forma de esconderse cuando el club se prende fuego.
“Hay que dar la cara y no por WhatsApp”. Es el resumen más brutal y más certero de cómo se ha manejado Peñarol en los últimos tiempos. Un club que comunica más por estados personales que por canales institucionales. Un club donde muchas veces el presidente habla como hincha, reacciona como hincha y gobierna como si Peñarol fuera un grupo de amigos y no la institución más grande del país por diferencia.
Y ese es el punto de fondo. Peñarol no está solo en crisis por perder con Wanderers, un equipo que faltando medio año se puede decir que está prácticamente descendido y con serios problemas institucionales y económicos.. Está en crisis porque perdió el rumbo. Porque naturalizó el desorden. Porque convirtió la improvisación en método y la reacción en forma de gobierno. Porque cada derrota expone algo más grave que un mal resultado: expone un club sin conducción.
Schiavi puso sobre la mesa algo que hace tiempo muchos vemos y sentimos, pero pocos dicen tan frontalmente y con la inteligencia emocional para comunicar sin necesidad de gritar ni insultar: en Peñarol hace rato se entregaron las llaves del club. Cuando nadie pone límites, cuando no hay contrapesos, cuando no hay institucionalidad, el club deja de ser gobernado y pasa a ser administrado por impulsos.
Schiavi también reclamó una reunión urgente del Consejo, lo cual no es solo una formalidad política. Es una señal de alarma. Es decir que esto ya no se arregla con una arenga, un posteo o una frase para calmar a la tribuna. Se arregla con decisiones. Con responsables. Con conducción. Estamos en crisis, porque mientras Peñarol sigue perdiendo partidos, también sigue perdiendo algo más peligroso: autoridad, respeto y estructura.
Hoy estamos seguros, el problema no está solo en el banco. Está arriba.