Peñarol volvió a creer: carácter, juveniles y una victoria que puede marcar un punto de quiebre
- 18/05/26
- Daniel Salcedo

Con uno menos durante gran parte del partido por la expulsión de Maximiliano Olivera, el equipo de Diego Aguirre derrotó 2-1 a Liverpool en el Campeón del Siglo y consiguió algo que parecía imposible hace apenas semanas: ganar dos partidos consecutivos y mostrar señales de recuperación anímica.
Peñarol volvió a ganar y, por primera vez en mucho tiempo, dejó la sensación de ser un equipo vivo. No necesariamente desde el juego brillante, porque todavía hay muchos aspectos por corregir, pero sí desde la rebeldía, la intensidad y la capacidad de responder en momentos adversos. El 2-1 frente a Liverpool en el Campeón del Siglo tuvo de todo: un arranque demoledor, errores defensivos reiterados, otra expulsión irresponsable y, sobre todo, un grupo que decidió no caerse.
El equipo de Diego Aguirre pegó primero con un gran gol de Jesús Trindade apenas comenzado el encuentro. Peñarol encontraba circuitos de juego, asociaba bien por bandas y mostraba una dinámica ofensiva interesante, especialmente por el sector derecho con Brian Barbosa y Togni, que volvió a firmar otro partido de enorme despliegue.
Sin embargo, como le viene ocurriendo durante gran parte de la temporada, el aurinegro volvió a pagar caro una desatención defensiva. Liverpool empató rápidamente tras una jugada evitable, en otra muestra de fragilidad colectiva que ya se repitió demasiadas veces este año. Y cuando parecía que el golpe podía afectar al equipo, llegó otro problema: la expulsión de Maximiliano Olivera.
La roja al capitán estuvo bien sancionada y volvió a exponer un problema recurrente. Olivera jugó permanentemente al límite, incluso después de ser amonestado, y terminó dejando comprometido a un equipo que ya venía golpeado desde lo físico y lo futbolístico. Esta vez el resultado terminó maquillando la situación, pero el lateral volvió a quedar en el centro de la escena.
Aun así, Peñarol reaccionó. Y ahí aparece quizás la noticia más importante de la noche: el cambio anímico del equipo. Durante la racha negativa, cada gol recibido parecía derrumbar al plantel. Hoy sucede lo contrario. Ya había pasado frente a Cerro Largo y volvió a repetirse contra Liverpool: el equipo resistió el golpe, compitió y terminó encontrando respuestas.
Mucho de ese cambio tiene nombres propios. Porque otra vez fueron los juveniles quienes revitalizaron a Peñarol. Brian Barbosa jugó un partido extraordinario, imponiéndose en todos los duelos individuales, mostrando personalidad, velocidad y una capacidad ofensiva que hacía tiempo no se veía en un lateral aurinegro. El juvenil no solo sostuvo el nivel futbolístico, sino que además contagió actitud y terminó sacando mentalmente del partido a Diego Romero, que entró en el juego de los cruces y perdió foco futbolístico.
También volvió a destacar Leandro Umpiérrez, fundamental en el esfuerzo físico tras la expulsión, y Facundo Álvez, que ingresó desde el banco para aportar solidez defensiva en un contexto de máxima exigencia.
En ofensiva, otro de los puntos altos fue Javier Cabrera. El extremo parece haber hecho un click en las últimas semanas: volvió a ser profundo, ganó constantemente por velocidad y estuvo muy cerca de convertir. Más allá de no haber marcado, su evolución futbolística y anímica es evidente.
Aguirre también tuvo una noche acertada desde el banco. El entrenador, muy cuestionado durante la crisis, leyó correctamente el partido y ajustó bien las modificaciones para sostener al equipo cuando Liverpool intentó aprovechar el hombre de más. Peñarol terminó defendiendo con orden, mostrando una solidez que hacía tiempo no encontraba en partidos complejos.
Claro que todavía quedan muchas cosas por mejorar. Las distracciones defensivas siguen siendo alarmantes y el equipo continúa pagando caro errores conceptuales básicos. Pero dentro de un contexto extremadamente adverso, el aurinegro empieza a encontrar pequeñas señales positivas.
La tabla anual vuelve a acercarse, el ánimo cambió y Peñarol llegará al duelo frente a Corinthians en un escenario mucho más favorable del que imaginaba semanas atrás. Hace poco parecía un equipo destruido; hoy, al menos, vuelve a parecer un equipo dispuesto a pelear.