Polémica arbitral: mucho ruido, poco fundamento y el llanto tricolor de siempre

  • 05/04/26
  • Daniel Salcedo

Mucho reclamo… pero poco sustento

El fin de semana dejó una catarata de quejas arbitrales. Entre los audio VAR, declaraciones públicas y debates en programas, se instaló una sensación de “perjuicio” al tradicional rival que, al analizar jugada por jugada, se desarma bastante rápido. El viernes ya había reclamos por dos supuestos penales no cobrados. Y el sábado, tras el partido entre Progreso y Peñarol, la historia se repitió: se buscaron polémicas donde, en la mayoría de los casos, no las hubo.

 

El penal que no fue y la roja imposible

Uno de los principales reclamos fue un supuesto penal sobre el final del partido que la juez Anahí Fernández cobró y luego desestimó al revisar en el VAR. No es penal. No hay contacto suficiente, no hay infracción clara.

También se pidió roja para Leonardo Fernández. Tampoco resiste análisis. No hay impacto pleno, hay toque previo a la pelota y el jugador incluso recoge la pierna. ¿Podía ser amarilla? Es discutible. ¿Roja directa? Bajo ningún concepto.

Y ahí está el problema: se exagera. Se corre el límite de lo discutible hacia lo absurdo.

 

El doble criterio… que en realidad fue el mismo

Uno de los puntos más interesantes está en las manos dentro del área en le partido entre Nacional y Central. Hay una jugada muy similar, de fechas anteriores, donde una pelota impacta en la misma zona del brazo de el traidor Silvera. En aquel momento no se sancionó nada. Ahora tampoco.

¿Se puede discutir el criterio? Sí. ¿Se mantuvo el mismo criterio? También.

Entonces, si antes no se cobró y todos los hinchas tricolores y sus periodistas operadores aseguraban que no era sancionable, ¿por qué ahora sería un escándalo?

Ahí es donde el argumento pierde fuerza.

 

El contexto también juega

Cuando los resultados no acompañan, el foco suele ir hacia afuera. Sucede en nuestro club y en todos, eso es parte del fútbol.  Hoy hay un dato concreto: el equipo albo está lejos en la tabla, mientras Peñarol —sin brillar— sigue sumando. Y en ese contexto, cualquier jugada dudosa pasa a ser “prueba” de un supuesto perjuicio. Quienes tenemos más años recordamos a los hinchas tricolores asegurando que el segundo quinqueño obtenido por Peñarol fue gracias a los arbitros. 

Las declaraciones de Flavio Perchman van en esa línea: instalar la idea de un arbitraje adverso. El problema es que, cuando se analizan las jugadas en frío, esa narrativa no se sostiene con claridad. Y ahí entra también el rol de ciertos espacios mediáticos que amplifican el reclamo sin demasiado filtro y que conocemos popularmente como prensa blanca. Son operadores que, en algunos casos se mueven por simpatía al equipo albo, pero en la mayoría de los casos por simple alineamiento empresarial.

Es conocido que el club blanco tiene una alineación fuerte con AUF, en tanto Peñarol está enemistado con el sistema. Por ende, los operadores que trabajan como periodistas para AUF, AUF TV, o que simplemente están enfrentados a Casal tenderán a operar políticamente para Nacional.

 

Opinión: criticar sí, pero con coherencia

Se puede discutir el arbitraje. Siempre. Pero hay una diferencia entre analizar y militar una postura. Si una jugada es igual a otra anterior y se falla de la misma manera, no hay perjuicio: hay consistencia. Te puede gustar o no, pero es otra cosa.

En conclusión, no fue penal para Progreso, no fue roja para Leo, y no hubo tal robo. Hubo algunas decisiones discutibles, como en cualquier fecha. Pero lejos de la gravedad que algunos quieren instalar. El problema no es el arbitraje. El problema es cuando se necesita que lo sea.