Sebastián Sosa fue sobreseído: cuando la Justicia habla, el silencio debe ser reparación

  • 30/12/25
  • Andrés López

El sobreseimiento de Sebastián Sosa no admite dobles lecturas. El juez fue categórico: el hecho no constituye delito. No hubo zona gris, no hubo beneficio de la duda, no hubo atenuantes. Hubo absolución total. Y cuando la Justicia se expresa con esa claridad, corresponde asumir las consecuencias de lo que se dijo, se publicó y se condenó anticipadamente. Durante meses, Sosa fue tratado como culpable sin sentencia. Perdió su trabajo, parte de su prestigio, su lugar deportivo y una porción irrecuperable de su carrera. Todo, a partir de una denuncia que hoy quedó judicialmente desarmada, no por tecnicismos, sino por pruebas concretas que reconstruyeron una versión distinta a la inicial.

 

Una denuncia que no resistió el proceso judicial

El fallo no solo absuelve: expone inconsistencias, contradicciones y una reconstrucción de hechos que no logró sostenerse frente a pericias, análisis de dispositivos y testimonios. La querella intentó incluso anular pruebas clave, algo que el juez rechazó de plano. Eso también dice mucho.

Cuestionar una denuncia falsa o infundada no es atacar la igualdad de género. Es defender el Estado de Derecho. Tal como expresó el experimentado abogado Jorge Barrera, la perspectiva de género no puede ni debe anular garantías individuales básicas. Lo contrario sería validar la injusticia como método.

 

El daño ya está hecho

A Seba nadie le devolverá el tiempo perdido. Nadie le compensará el impacto psicológico, familiar y profesional. Vélez Sarsfield le rescindió el contrato. Su nombre quedó asociado durante meses a un delito aberrante del que hoy la Justicia dice, sin rodeos, que no existió. El mismo lo dijo con crudeza: el daño es irreparable. Y tiene razón. Porque aun absuelto, la mancha mediática nunca se borra del todo. Por eso, cuando una denuncia no se sostiene, el debate ya no es solo jurídico: es moral.

 

Confianza, respaldo y una deuda pendiente

En Peñarol, Sosa no fue un jugador más. Fue capitán, referente y campeón. Un profesional que siempre dio la cara y que hoy merece algo básico: confianza. Confianza en que la Justicia actuó. Confianza en que no todo vale. Confianza en que también existen denuncias que dañan injustamente.

El arquero ya expresó su deseo de seguir adelante, de volver a competir y de cerrar este capítulo desde el lugar que nunca debió abandonar: una cancha de fútbol. Ojalá la directiva de Peñarol, entienda que no alcanza con el silencio. A veces, también hay que reparar. Llamarlo para que forme parte del plantel 2026 no solo ser{ia justo, sino tambi{en necesario, porque, si bien el puesto está bien cubierto con Washi Aguerre, siempre es necesario un segundo golero que le pueda disputar el puesto y que sea confiable en momentos clave. 

Sea dónde sea que le toque jugar, un abrazo apretado y el deseo de que esta página quede en el pasado. ¡El mayor de los éxitos Seba!