Un punto menos, una vergüenza más: el fallo que castiga a Peñarol y blanquea todo lo demás
- 09/09/26
- Daniel Salcedo

Ya está: llegó el fallo y es tan pesado como se esperaba. Peñarol pierde un punto en el Clausura y en la Tabla Anual, deberá pagar 150 Unidades Reajustables y jugará sus próximos cuatro partidos como local a puertas cerradas y lejos del Campeón del Siglo. La responsabilidad objetiva existe, nadie la niega. Lo que indigna es todo lo que rodea a esa palabra "objetiva" cuando se aplica para un lado y desaparece para el otro.
La comparación que no cierra
Del otro lado del clásico agredieron a Dawson y el partido se frenó: sin sanción. Le tiraron un proyectil a Báez en la cabeza: sin sanción. Sus propios jugadores fueron agredidos por su gente, hubo pirotecnia adentro de la cancha y el partido se paró dos veces, hubo banderas robadas: apenas dos cierres de parcialidad. Mientras tanto Peñarol se lleva punto, plata y cuatro fechas sin público ni estadio propio. Si la responsabilidad objetiva es un criterio, tiene que serlo para los dos escudos. Si no lo es, dejemos de llamarlo justicia deportiva y llamémoslo lo que es.
No ayuda tampoco la letra chica del tribunal: cuatro miembros de los cuales tres están alineados con el presiendente de AUF, y por ende contra Peñarol, resolviendo sobre Peñarol.
Lo miembros del tribunal fueron: Dr. Fernando Rigoli (presidente) por Rampla, Dr. Ángel Alonso por Defensor Sporting, Dr. Pablo Bazán por la Mutual, Dr. Pablo Barreiro por Nacional.
La autocrítica que también hay que hacer
Ahora bien, sería cómodo quedarnos solo con la bronca hacia afuera. Puertas adentro tampoco estamos para tirar manteca al techo: nuestra dirigencia hace rato que no gana una, ni en el barro de la política del fútbol uruguayo ni en las canchas de al lado, y Peñarol termina pagando los platos rotos de esa flojera. Tampoco se hace lo suficiente para erradicar a los violentos de la parcialidad ni para frenar los abusos de una policía que en más de una ocasión parece buscar la excusa para reprimir antes de que pase nada: ahí está fresco el recuerdo del camión hidrante mojando gente antes del partido de Libertadores con 3 grados de temperatura, sin que hubiera ocurrido absolutamente nada todavía.
Los que arman quilombo en la tribuna no son hinchas, son delincuentes que no les importa el club que dicen defender. No les importa la multa, no les importa el punto perdido, no les importa que familias enteras se queden sin ver a Peñarol de local. Y lo más patético es que muchas veces son los mismos que después insultan a los jugadores, le exigen al técnico y reclaman refuerzos como si el club tuviera plata de sobra después de bancarse este tipo de sanciones.
El golpe es real y se siente en todos los frentes: un punto menos en la pelea del Clausura y en la Anual, multa y cuatro fechas sin gente en el Campeón del Siglo y jugando en otra cancha. Nada de eso se revierte pataleando. Lo único que se puede exigir, con la cabeza fría, es que el mismo rasero se use la próxima vez que la violencia salga del otro lado de la cancha. Mientras tanto, a Peñarol le toca bancarse el momento como siempre banca lo que le tiran: de pie, aunque le duela, y sabiendo que la única revancha real se juega adentro de la cancha, ganando puntos donde el tribunal no llega y siendo campeones CONTRA TODOS como siempre.