Cinco días para reencontrarse: Peñarol se encierra en Solanas para no soltar la Anual
- 02/11/26
- Daniel Salcedo

El 1-1 ante Wanderers no fue un empate más. Fue un espejo. Peñarol llegó a su quinto partido consecutivo sin ganar y, si no fuera por el gol de Luis Angulo sobre la hora, la mochila hoy pesaría bastante más. Con el liderazgo de la Tabla Anual en juego y el margen de error cada vez más finito, la directiva de Ignacio Ruglio y el cuerpo técnico de Diego Aguirre decidieron dar un golpe de timón.
Un equipo que no patea al arco
El dato que más duele del último partido es contundente: más allá del tanto de Angulo, el equipo no generó remates directos al arco. Faltaron ideas, faltó peso en ataque y faltó, sobre todo, un funcionamiento colectivo que transmita algo de tranquilidad. La falta de fluidez ya no es un accidente de una tarde, sino una constante que se arrastra desde hace semanas.
Y acá hay que decirlo sin vueltas: un Peñarol que no inquieta al rival no es Peñarol. Se puede jugar mal un partido, se puede tener una mala racha, pero lo que preocupa es la sensación de que el equipo no sabe a qué juega cuando la pelota le quema. Rescatar puntos sobre el final habla bien del carácter, pero el carácter solo no alcanza para salir campeón.
Solanas, de martes a sábado
La respuesta fue drástica: el plantel principal quedará concentrado desde este martes hasta el sábado en el complejo Solanas, en Maldonado. La idea es cortar con la rutina, alejar al grupo del clima de presión que se vive en Montevideo y generar una convivencia intensa que devuelva un equipo más compacto y enfocado para el tramo final.
El calendario ayuda. La visita del Papa León XIV frena el fútbol local durante dos semanas, y ese parate le regala a Aguirre un tiempo de trabajo que en plena competencia es casi imposible de conseguir. Lo que viene son dos finales de verdad: Defensor Sporting en el Parque Franzini y, después, Cerro Largo en el Campeón del Siglo. No hay espacio para otro tropiezo.
El fantasma bueno de Los Aromos
La medida tiene un antecedente que cualquier hincha con memoria reconoce al instante. En 1997, con una presión parecida y la obligación de ganar, Gregorio Pérez encerró al plantel durante tres semanas en Los Aromos. Aquel aislamiento terminó de forjar al grupo que conquistó el segundo quinquenio de la historia del club.
Los contextos no son iguales: entonces fueron tres semanas en casa, hoy son cinco días en Maldonado. Pero la lógica es la misma. Apagar el ruido, mirarse a la cara y recuperar una identidad futbolística que se fue diluyendo. Ojo: la concentración no hace goles. Es una herramienta, no una solución mágica. El trabajo táctico de estos días tiene que notarse en la cancha del Franzini, no solo en las fotos del complejo.
A la hinchada no le alcanza con un punto agónico ni con una concentración que suene bien en los titulares. Lo que pedimos es simple: un equipo que vuelva a llegar, que vuelva a patear, que vuelva a meter al rival contra su arco. La Anual está ahí, se defiende con fútbol y con huevo, como siempre se defendieron las cosas en esta casa. Si Solanas sirve para que este grupo se reencuentre, que la vuelta sea con la misma rebeldía que en el 97.