Damiani vuelve a golpear la puerta: antes de escucharlo, repasemos la cuenta

  • 27/09/26
  • Andrés López

 

Ya es oficial: Juan Pedro Damiani será candidato a presidente de Peñarol en las elecciones de diciembre, que se jugarán el sábado 5 o el sábado 12, fecha todavía a confirmar. Lo anunció este domingo en Punto Penal, por Canal 10, con una frase que marca el tono de lo que viene: dijo que va a "jugar fuerte". Bien. Nosotros también vamos a jugar fuerte, pero con memoria.

 

Lo que dijo: cambio, el canciller Barrera y el Mundial de Clubes

Damiani planteó la elección como un mano a mano entre su modelo y el de Ignacio Ruglio, y aseguró que el club necesita un cambio. Dijo que no quiere volver al Peñarol que dejó en 2017, aunque a renglón seguido defendió aquella gestión como la base del club para los próximos quince años: el estadio, las juveniles, la masa social. Anunció que piensa en Jorge Barrera como "canciller" y como representante en el Ejecutivo de la AUF, se mostró preocupado por la relación del club con los jueces, la AUF y Conmebol, calificó a Diego Aguirre como un activo de la institución y habló de apostar fuerte a las copas con el Mundial de Clubes en el horizonte. Además, aseguró que no vende humo.

Todo muy lindo. El problema es que Damiani no es un candidato nuevo al que hay que darle el beneficio de la duda. Fue presidente de Peñarol casi una década. Su modelo no hay que imaginarlo: ya lo vivimos. Y cuando uno revisa lo que ese modelo dejó, la pregunta se cae sola: ¿cómo alguien puede pensar en votar a Damiani?

 

El presidente que le prestaba al club

Durante años, el principal prestamista de Peñarol fue una financiera vinculada a la propia familia Damiani, algo que él mismo reconoció públicamente. Es decir: el que administraba el club era también el que le prestaba plata y cobraba los intereses. Según lo que se manejó en su momento, las tasas iban del 10 al 11 y hasta el 13%, y se habla de unos US$ 4 millones en intereses que habrían salido de las arcas carboneras. Esa cifra circuló, fue denunciada, y Damiani nunca la desmintió. Me gustaría, si esto no es cierto, que lo diga públicamente y se termine con el rumor.

Para peor esos préstamos fueron necesarios porque la gestión no cerraba. Cuando dejó el club en 2017, la directiva entrante denunció meses de sueldos atrasados, premios impagos y proveedores al borde de cortar servicios. Primero se desordena la casa, después se auto presta para tapar el agujero, y encima se cobra por prestar. Eso no es ayudar a Peñarol. Es otra cosa.

 

El Campeón del Siglo sí, el contrato con Tenfield no

Nadie le va a quitar a Damiani que el estadio se hizo en su gestión. Es la carta que siempre juega y la volvió a jugar este domingo. Pero junto con el estadio llegó un contrato que hoy le pesa al club: en 2016 se le cedió a Tenfield la explotación comercial del Campeón del Siglo (naming, gastronomía, estáticas, museo) a cambio de diez cuotas anuales de US$ 700.000. La empresa pagó solo las dos primeras, ambas bajo la presidencia de Damiani, y después dejó de pagar. Peñarol reclama hoy cerca de US$ 4,9 millones; Tenfield, por su parte, no reconoce la deuda.

Un contrato leonino: le entregamos a un tercero la explotación de nuestra propia casa, con un museo que nunca se hizo y derechos que ni siquiera se usaron, y ni así se cumplió con lo que se pagaba. Damiani dice que en su época se cobraba "religiosamente". Puede ser. Lo que firmó, sin embargo, lo seguimos pagando todos.

Además, respecto al estadio, está el tema no menor de los terrenos sobre los que está construído que eran, presuntamente, de la familia Damiani y se los vendió a Peñarol S.A. 

 

Nueve años, cero copas

Ahora vamos a lo que más duele. Con Damiani hijo, Peñarol vivió su peor etapa deportiva de la historia. Ni un título internacional en once participaciones. Su máximo logro fue llegar a la final de la Libertadores 2011 y perderla. Para cualquier otro club, eso es una hazaña. Para Peñarol, cinco veces campeón de América, es nada.

Período Torneos cortos Uruguayos Clásicos (G-E-P)
2009–2011 1/6 (17%) 1/3 (33%) 1-3-5 (22%)
2012–2014 1/6 (17%) 1/3 (33%) 3-1-2 (56%)
2015–2017 3/6 (50%) 2/3,5 (57%) 1-5-1 (38%)
Total 5/18 (28%) 4/9,5 (42%) 5-9-8 (36%)

En lo internacional, el repaso es una lista de eliminaciones. Libertadores 2009, primera fase. Sudamericana 2010, octavos. Libertadores 2011, subcampeón. Después, fase de grupos en las Libertadores 2012, 2013, 2014, 2016 y 2017; primera fase en las Sudamericanas 2013 y 2016; octavos en la Sudamericana 2014. Once torneos, cero títulos. Y en los clásicos oficiales, 22 jugados con apenas 5 ganados: una efectividad del 36%.

 

El 44% que no es 44%

Damiani suele defender su gestión diciendo que ganó 4 campeonatos uruguayos sobre 9, un 44%, en línea con la historia del club. Pero la cuenta no cierra: fueron 4 sobre 9,5, lo que da un 42%. Parece un detalle, pero no lo es, porque justamente la comparación que él elige lo deja por debajo del promedio histórico. Antes de su llegada, entre 1900 y 2008, Peñarol ganó 47 de 106,5 campeonatos disputados: 44%.

Y si miramos cuántas veces el club estuvo peleando el título hasta el final, la diferencia es abismal:

 

Finalista del Uruguayo, 1900–2008

82%

47 títulos + 40 subcampeonatos

Finalista del Uruguayo, 2009–2017

53%

4 títulos + 1 subcampeonato

Finalista internacional, 1904–2008

37%

18 títulos + 12 subcampeonatos

Finalista internacional, 2009–2017

9%

0 títulos + 1 subcampeonato

 

Sumando torneos locales e internacionales, antes de Damiani Peñarol definió (salió campeón o vicecampeón) 118 de 188,5 competencias oficiales: un 63%. Con Damiani, 6 de 20,5: un 29%. El club que históricamente peleaba todo pasó a pelear menos de un tercio de lo que jugaba. Esos son los números de "su modelo".

Damiani tiene todo el derecho de presentarse. Los socios tenemos toda la obligación de recordar. Un estadio no borra nueve años sin copas, ni un club que se endeudaba con su propio presidente, ni un contrato que todavía hoy estamos intentando cobrar. Peñarol no se construye con maquetas ni con discursos de canciller: se construye ganando, con las cuentas claras y sin que nadie haga negocio con la camiseta. En diciembre, antes de votar, que cada socio haga la cuenta. La verdadera, la de 9,5.